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Bitácora

Los retos en la cobertura de migración centroamericana en México

Aportación para Syllabus, documento que recopila los aprendizajes del proyecto Trainer of Trainers, con Articulo19 y World Press Photo, de 2012 a 2015.

Esta fue una propuesta añadida al temario regular desde 2013.

Los retos en la cobertura de migración centroamericana en México

En la prensa hemos abusado de un concepto gráfico: pensar y mostrar la migración con la imagen de la multitud subida al ferrocarril de carga huyendo de la pobreza (‘La Bestia’) o durmiendo sobre las vías. El viaje en el tren es un aspecto importante, pero no el único.

De hecho, nuestra cobertura está atiborrada de clichés: ‘La Bestia’, la lágrima fácil, la historia forzada, conceptos vistos desde lo judicial -y carentes de derechos humanos – como «indocumentados», «ilegales», «aseguramiento», «rescate» o al contrario, «hermanos», «paisanos», «sueño americano».

Para abordar una cobertura segura -y mejorar nuestro resultado visual-, hay que identificar primero los actores y sus características.

Los migrantes

 

Ellas y ellos son los sujetos principales con quienes trabajamos.

Gran parte de los migrantes que abandonan su país lo hacen en búsqueda de trabajo y vienen en condiciones de pobreza. Pero no del todo y no siempre.  También existe una clase media y alta que huye de la violencia de pandillas -fuertes organizaciones de crimen organizado-, escapa de persecución política o incluso de violencia familiar. Las razones siempre varían y no se simplifican en la pobreza.

En el camino por México todos son vulnerables a las mismas redes de secuestro, extorsión, tráfico de personas y usualmente viven abusos cometidos por autoridades mexicanas, algunas de ellas vinculadas a organizaciones criminales.

Los migrantes recorren un largo trayecto desde sus países de origen.  A medida que avanzan por México, acumulan una fuerte degradación física, emocional y psicológica que deriva en desconfianza.  La mayoría, en el camino, ha vivido alguna experiencia traumática (asalto, agresión, violación) y usualmente tiene miedo a denunciarla por dos razones: desconfía de las autoridades mexicanas y tiene como prioridad seguir avanzando adelante.  Denunciar detiene su camino.

En la religión y en el fútbol (en el caso de los hombres en su mayoría) muchas veces los migrantes encuentran descanso y distracción. Son temas sobre los que a veces prefieren conversar. Normalmente son amigables y abiertos a ser retratados, quieren contar su historia o establecer comunicación.

«Caminadores», «Polleros», etc.

Los polleros o caminadores, son los guías cuya función es llevar a los migrantes hacia su destino y burlar los controles.

No necesariamente son criminales, pero todos están obligados a rendir cuentas a organizaciones criminales. En el pasado, los polleros eran figuras respetadas en las comunidades de origen por el trabajo riesgoso que desempeñaban, a cambio de un pago. Actualmente, cárteles (en particular, Cartel del Golfo y Zetas) les obligan a pagar una cuota por realizar su labor por lo que solo pueden continuar de manera subordinada.

Los caminadores son expertos en el conocimiento de las rutas y difíciles de reconocer entre los migrantes. Algunas pistas para ubicarlos pueden ser el uso de zapatos resistentes, el liderazgo que muestran en grupo, el uso de teléfono celular.  Al establecer diálogo con ellos, cuando se logra, hay que mantener cierta distancia, pues prefieren el bajo perfil y no ser retratados. Desconfían de uno y pueden soltar datos confusos o falsos. Defienden su negocio, de naturaleza ilegal.

Los defensores de derechos humanos y activistas

Existen varias redes de apoyo a migrantes, la mayoría de ellas cercanas a las iglesias católica y scalabriniana. Algunas se centran en dar alimento y cobijo, mientras otras se comprometen más activamente en la defensa de derechos humanos.  Es importante ubicar a los defensores de cada región, pues tienen un conocimiento del contexto local.

Defensores y activistas tienen una valoración muy relativa y personal de los peligros y riesgos, diferente entre sí y la de los periodistas. Por ejemplo, algunos activistas ocasionales pueden confrontarse con autoridades o realizar actividades de riesgo pero al no vivir permanentemente en la zona, pueden elegir alejarse del riesgo. En tanto, los defensores locales viven los peligros con mayor constancia y ser más prudentes en sus actos.

Puede suceder el efecto de la rana en el agua caliente. Después de estar demasiado tiempo en un lugar ‘caliente’ o riesgoso, la mente aminora engañosamente la sensación de riesgo y no ver cuando la situación se ha tensado demasiado.

Normalmente los defensores y activistas trabajan en lugares fijos como albergues, comedores o estancias. Estos representan sitios relativamente seguros para descansar y obtener alimento y agua, a veces ropa o alojamiento temporal. También son sitios donde pueden comunicarse por teléfono de manera más segura.

Sin embargo, los albergues suelen ser asediados por enganchadores (contactos entre migrantes y polleros). Además, por razones políticas, de sensación de inseguridad o por xenofobia, muchos de los albergues no cuentan con apoyo de la población local.

Autoridades

El papel de las autoridades migratorias ha sido más bien represor en general y en pocos casos de asistencia y apoyo (por ejemplo, Grupo Beta).

Aunque en México existe una visa humanitaria, muchos migrantes no realizan el trámite (y aún a pesar de tenerla) se realizan redadas y detenciones masivas. En esos operativos han participado activamente el INM, policías locales, estatales y la Federal, Ejército, Marina. Las detenciones se realizan en opacas estaciones migratorias a las que en muy rara ocasión y muy limitadamente, ha podido tener acceso la prensa.

En ocasiones el Instituto Nacional de Migración y policías locales ha sido señalado de entregar personas al crimen organizado. Este hecho queda más evidente con la complicidad de policías en la masacre de San Fernando en 2010.

Población local

La población local, sobre todo la cercana a las vías férreas, convive necesariamente con los migrantes en tránsito. La relación no siempre es positiva, puede incluso ser hostil. La presencia de migrantes crea en el entorno una sensación (real o falsa) de inseguridad. La economía local se ve beneficiada (por los productos y servicios consumidos) o afectada (en precios de trabajo más bajos, por ejemplo).

La Bestia

La mayoría de migrantes utiliza el ferrocarril de carga porque es el medio menos caro (aunque en realidad, requiere de una enorme inversión monetaria, costeada en cientos o miles de dólares a cuenta del migrante). También por la extensiva vigilancia en carreteras y caminos.

Hay rutas ya conocidas por que son fuertemente golpeadas por el crimen. Particularmente en el Golfo de México, desde Tenosique, Tabasco, pasando por el estado de Veracruz hasta Laredo y Reynosa, Tamaulipas. Aunque la más peligrosa, es la menos larga. Tlaxcala es conocida por ser uno de los puntos concéntricos de trata de personas.

Los migrantes viven un fuerte peligro de caer por cansancio o accidente  y morir o quedar mutilado, en caso de supervivencia. O en el caso de no pagar extorsión de ser lanzado al vacío (medida ya obligatoria, normalmente de 100 USD cada pago).

Actualmente la política migratoria está desdibujando al ferrocarril como medio principal de transporte. Las nuevas rutas aún no son claras.

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