Ya está bueno el camino

Las palabras las dice el chofer de la pasajera Tlapa-San Luis Acatlán. Estar buena significa que después de dos meses por fin puede irse bordeando el vehículo e ir sorteando por la orilla la carretera hacia las comunidades, aún si el riesgo de volverse a caer no ha cedido.

Cuando menos cuatro municipios habían quedado incomunicados desde el mes de julio, a consecuencia de los deslavamientos causados por las lluvias. Para atravesar por la carretera Tlapa-Marquelia, sólo podía hacerse a través de pasajeras, o colectivos: los derrumbes llegaron a colapsar el tránsito. A pie, las mercancías circulaban en el kilómetro de distancia entre uno y otro deslavamiento, o en el mejor de los casos, con un taxi que ganaría diez pesos por pasar de un lado al otro. Un conductor, una escuela, el albegue estudiantil y una casa quedaron sepultados bajo el lodo. Parece que tragedias como ésta sólo suenan para los medios cuando los muertos son muchos, o presumiblemente muchos.

Y dice la administración estatal en el Quinto Informe de Gobierno:

Invertir en ampliación y mejoramiento de la infraestructura carretera es generar cambios en las condiciones de vida de miles de guerrerenses, que por años han permanecido en la marginación.
La política del Gobierno del Estado en materia de construcción de caminos está sustentada en la rentabilidad social, buscando siempre ampliar el beneficio hacia el mayor número de habitantes que más lo necesitan. (…)

Para la conservación, rehabilitación y mantenimiento de la red pavimentada, se destinaron 595 millones 793 mil pesos; la Federación rehabilitó la Red Primaria Federal y el Estado atendió las carreteras Tlapa-Marquelia, tramo San Luis Acatlán-El Rincón; Taxco-Ixcateopan; Tlacotepec-Filo de Caballos y el Boulevard Lázaro Cárdenas en Ciudad Altamirano.

La realidad que relatan las personas es muy, muy otra.

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